Detén aquel pincel que mi sentido detesta,
por su modesto abominó con la que dibuja la infesta;
en la escribe vorágine que se forma en el café,
difama sin azúcar en el tiempo la muerte de la fe,
bajo la indiferente palidez en las arrugas del papel soez;
nefasta pintura de mis manos sin piel,
que recuerda el agobio de un afecto infiel,
junto al nocivo delirio de sueños ciclotímicos
que susurran innecesariamente a los melancólicos…
detén al tiempo, ruego al tiempo, va demasiado aprisa
y está haciendo todo trisa;
déjame pensar, jadear y madurar.
Colaboración de Alejandro P
Colombia
