El clima era frío aquella noche, las ventanas estaban empañadas y el piso estaba helado, ella como de costumbre me esperaba dormida, cual diosa en su descanso, la cobija no la cubría completamente, sus piernas blancas y sensuales quedaban al descubierto, la miré de reojo y me fui a duchar como de costumbre.
Al regresar me dispuse a dormir a su lado, y en ese momento, ella abrió sus ojos, me miró con deseo y me dijo: -¡Quiero sentirte esta noche! Enseguida puse mis dedos sobre su boca haciéndole callar, posé mis labios rojos de deseo sobre los suyos, los acaricié con los míos unos instantes, luego recorrí sus cejas suavemente con mis labios, ella soltó un pequeño gemido por el placer que esto le producía...
Mi pecho musculoso rozó con el suyo, ambos sentimos un inmenso placer, nuestras lenguas se encuentran, se devoran mutuamente, fueron hechas con una sola misión: besarse hasta el cansancio…
Sin perder tiempo mis manos buscaron su entrepierna, mientras mi lengua jugaba con la suya, sentí su humedad en mis dedos, y pasé a devorar su delicado cuello mientras mis dedos acariciaban su sexo con frenesí, ella gimió de placer, abrí mis ojos y miré sus gestos y me excité aún más, ella acarició mi espalda… conozco sus señales, sé lo que desea, y la penetro suavemente, ella suelta un gemido, la amo, me ama…
Empieza mi trabajo, para lo que fui hecho, primero con movimientos suaves, nuestras caderas sincronizan perfectamente, mis manos sujetan sus caderas, y empiezo a penetrarla con más frenesí, ella gime de placer, su boca me excita, es una diosa, le doy más y más, ambos gemimos, ambos sentimos, ambos nos entregamos el uno al otro, ambos nos amamos, ambos llegamos al clímax! Nos besamos, y descansamos uno al lado del otro, acariciándonos…
Colaboración de Übermensch
Venezuela
