Murió aquel chico con la mirada profunda
y el curioso peinado.
Su cuerpo yace en la tierra, enterrado,
siendo devorado por gusanos
mientras que su alma, aún pura y sincera,
vaga por cielo y tierra buscando la paz eterna.
¿Y la mujer? Ella, la que solía tener una sonrisa cada día de su vida
y solía gozar el existir y ahora con esfuerzo puede dormir sin llorar,
con esfuerzo puede recorrer sus lugares favoritos sin empaparse la camiseta con recuerdos.
Sigue negando los sucesos,
pues la negación es lo que la mantiene fuerte y memorable.
Aún se sienta sobre el borde de la ventana junto al teléfono,
cada noche, esperando y esperando la llamada de su amado;
volver a sonreír y decirle te amo.
Pero la negación no es para siempre,
llegará el momento en el que la locura y la desesperación de una cama vacía,
la consumirán y comenzarán a destrozarla poco a poco,
la dejarán vacía, estará devastada.
Y ya, sin motivos, ni razones
un simple acción la unirá con su amado,
perderá la vida pero no será en vano.
Colaboración de Staypoetic
México
