Esa estrella que desde lo lejos me está llamando,
abriendo las hojas de mi ventana,
jugando con las cortinas que envuelven mi mirada,
dejando salir la inocencia que permanecía dormida al lado de esa silueta
cubierta por una pálida tristeza.
Haz que el silencio estalle y la voz de tu sombra,
que provoca en mí esa melodía de felicidad al latir mi corazón,
me pregunto: ¿Cómo es que sin importar la distancia siempre en mi mente brillas?
¿Cómo haces para que cada fibra de mi ser quiera partir hacia donde tú estás?
¿Cómo es que mirando hacia las nubes, siempre apareces jugando con el viento
y las hojas haciéndolas caer al suelo?
Pero estas ansias que ya no caben en mis brazos;
estos escritos tristes que no llegan a tocar a tus sentimientos,
estos cuántos suspiros que no te ha logrado llevar el viento,
esos besos que esperan sigilosamente llegar a alcanzar tu frente,
y mis dedos que impacientes desean enredarse en tu cabello negro.
Ese rincón que vacío permanece,
y ese bosque que de viejo muere,
si tan solo pudieras acercarte a esté, tu humilde duende,
jugando en el lago de agua plateada y recolectando peces que no mueran al salir del agua, almacenando miradas en esas nuevas galaxias y rejuveneciendo esas praderas
que sólo dan gerberas moradas.
Regresa dulce hada y dime que este velero no llevará más allá
de las blancas torres y las montañas de cobre;
dime dulce hada mía que sin importar esta tremenda oscuridad,
tomarás mi mano y me guiarás hacia los besos que jamás he probado,
arrancando mi alma y haciéndome esclavo de este cuento sin final.
Hoy que las ninfas cantan, los gnomos y los elfos danzan entre el fuego;
construiré tu palacio sobre los sueños, donde las flores hablen mil lenguas
y el cielo te recite este triste poema.
Este poema se lo dedico a una niña muy especial para mí, te amo Angye Chan
Colaboración de abrandon walz zurce
México
