Y esperaba verte cada día en cada cambio de clase. Y esperaba encontrarte en un pasillo, a la vuelta de una esquina. Y cuando por fin pasaba, recibía tu indiferencia, tu superioridad sempiterna. Y me hacía chiquitita, chiquitita, y hacia adentro... A veces siento que es una enfermiza pasión por el sufrimiento lo que me ha hecho amarte así. Mi necesidad de sufrir me empujaba a sentir esto que he sentido casi toda mi vida. Y entonces recuerdo mi alma llena en los breves instantes en ti, mi gozo de oír tu voz, apreciar tus gustos, la gallardía de tu alma. Perderme en tu mirada.
Y entonces el mundo se disolvía, no se hacía insignificante, sino inexistente. Sólo estabas tú llenando mi todo. Así pues, qué podía pasar después sino el vacío más inmenso, la nada sin ti.
Una nada que me he dedicado a llenar de cosas, todas válidas, todas plenas, que yo me he encargado de despojar de su valor, las he convertido en insignificantes, vacías. No quiero felicidad sin ti. Saboteo mi bienestar.
¿Y hasta cuándo?...
Colaboración de ellamefurapita
España
