Después de lo siguiente, tras la curva,
ansioso por mirar todo el camino,
descubrí, lo que a mí me perturba;
anticipándome así a mi destino.
Vi, el bosque de la vida, en la distancia,
convertidos en piedra ante mis ojos,
y eran las flores extraña extravagancia,
de plástico y metal pintados rojos,
exhalando etílicas fragancias.
Es todo tan distinto, hasta en las formas,
con una rigidez fría de muerte,
no hay en el aire volando mariposas
que se remontan aleteando fuerte.
Oyes el ruido del hierro, que camina,
que arrastra su osamenta en el asfalto
y siendo el mismo sol, quien lo ilumina,
quien le deja el calor entre sus brazos,
sé quedan yermos, sin el soplo de la vida.
¡Aunque generoso le de todos sus rayos!
Colaboración de Paco Chacón
España
