El la llenó de poesía, él se fundió en el aroma de su piel, él se enamoró del café de sus ojos, del canela de su piel, de lo caliente de sus besos, mientras ella es única como el café con la leche, hacían esa mezcla intensa, ese sabor complejo, difícil de explicar; la consentía y la miraba como una bella flor, él sólo quería complacerla en todos sus caprichos, en todos sus deseos; ella era su amor eterno.
Colaboración de Kellin Valle
Honduras
