Este tren ya no te espera más, sí quería ser espejo, reflejarme en vos y ese monstruo que creaste todo lo devoró. Ese sol, esa estrella, la luz. Todo se oscureció. Fue un pecado mortal regalarte el cielo, en vano obsequiarte una flor, extenderte mis manos, protegerte del miedo o susurrarte al oído como el trueno.
Quién dirá nuestra verdad si hay mentiras cambiadas y quién mentirá buscando la verdad de mis lágrimas, derramadas en lluvia. Y mi voz gritándote como viento, azotándolo todo por encontrarte y que me escuches. No quiero que este tren se pare, necesito dejar de mirar, girar donde no debo, si quise ladearte como mariposa a la flor, como el rio a sus montañas pero vos, reina de cristal, te rompiste al primer roce, y quedé boyando al exterior cuando despertar con vos era mi fuego.
A pesar de seguir en este tren que ya no para, tu castigo me persigue y me traiciona por la espalda, me acorrala como fiera hambrienta enviciada por mil demonios, pero algo me cuida, me protege y mi alma vuelve a nacer. Te espero en mi lecho amor, para abrazarte en mis alas.
Colaboración de D.M.C
Argentina
