Llegó de la nada,
y de entre la multitud salió,
protegido por una intensa luz y brillo,
que iluminaban todo a su alrededor...
Su larga melena bajaba por la espalda,
y su mirada,
tan dulce y tierna,
penetraba la mía,
y se anidaba en mi tembloroso corazón.
Se detuvo ante mí,
bajó de su caballo blanco,
y sentí cómo todo mi cuerpo se rendía a su imagen.
El mundo se detuvo alrededor,
y se hizo silencio.
Su mano se acercó a mi rostro,
me acarició,
y yo empezaba a flaquear.
Jamás había visto tanta belleza junta...
Hasta que cerré los ojos con todas mis fuerzas,
y... sentí cómo sus labios sellaban los míos,
su lengua jugaba con la mía,
y mi cuerpo pedía el suyo.
Me abrazó,
me dejé llevar,
me perdí,
y por momentos no me pude encontrar.
Desperté,
y desde entonces jamás lo pude encontrar.
Me acosté,
lo busqué, pero ya no existía siquiera ese lugar.
Sueño o realidad, ¡no sé!
Pero lo soñé, y sé que fue todo verdad.
Colaboración de Lucho
España
