Llueve, nada de mí siente…
no existo, no vivo… no transcurro.
Cuajada al ocaso y sola,
origino tiempos que luego destruyo.
En la oscura garganta
de las rocas
engendro sombras,
conjuro ásperas melodías
y paralizo sueños
asestándoles nuevas formas.
Soy la que te traga si me abrazas
y las entrañas te corrompe,
soy la que inspira las situaciones más atroces
abriendo cauces de ponzoña en tus arterias…
¡Sí!, mis labios
fueron alguna vez colmados
de miel , suspiros e intrigas,
de rosa fue mi piel
y mi cabellera desordenada
dormía siempre en alguna inoportuna cama.
Si yo pudiera…
si pudiera ahora atravesar aquella nube
volar y dejar atrás mis perversidades,
seguramente llegaría urgente y anclaría
mi tierra en tus labios,
… pero… estoy infectada
un veneno tóxico
emana de mi vientre reventado
y en mi inventario,
sólo hay mareas, oscuridades
y abismos grises, que me apartan
de la vida común y de todas las realidades.
Ahora, mientras las noches agonizan
yo clavo mis ojos sangre
sobre cualquiera que se acerque,
vago descruzando los caminos
subsistiendo y helando los espejos.
Conozco todas las puertas
para poder alterarte.
Mejor, no llegues
jamás te arrimes a mis ojos
o encenderás la ira
que, bastarda fulminará
de un soplo, tu arrogante semen impotente.
Colaboración de Azul Strauss Markuart
Argentina
