En los engranajes
del tiempo olvidado,
un sueño acude
embargándome
de estrellas solas
y de luciérnagas . . .
Es la esperanza
de horas conjugadas,
del reencuentro
con sabores aprendidos
en ayeres
bastante distantes . . .
y yo estoy aquí,
en estos larguísimos
surcos de ausencia,
embuído
en esta tristeza
de aguas crecidas
y pronunciando
un solo nombre;
el tuyo,
solamente el tuyo.
Colaboración de Baldomero Campos
México
