Yo he probado cómo sabe la pura tierra del suelo,
pues me han azotado brutalmente contra ello,
hicieron que creyera en sentimientos muertos,
luego ponían sus pies en mis costillas oprimiéndome contra el pavimento.
Yo he levantado trozos de mi autoestima,
que descuartizaron con una motosierra,
todos ellos la encienden, con sus juicios injustos y miradas perversas.
Yo he visto vencerme contra el espejo,
no tengo con que aceptar, estoy totalmente perplejo,
estoy en un espacio vacío, donde ni siquiera hay oxígeno,
donde me ahogaré pronto y me iré al olvido.
Yo he escuchado palabras inhumanas,
que quebrantaron e hicieron polvo mis esperanzas,
incendiaron todo a lo que le tenía fe,
haciéndome sentir el peor tonto de este atardecer.
Yo solo soy esto, me encerraron en este cuadro,
cuanto miedo por abrir la puerta y ver tu regaño de desagrado,
yo he palpado las miserias y sentimientos repugnantes,
tirados al suelo, mientras decías, el perfecto trato para un perro.
Yo he tenido que agarrar conmocionado,
una navaja amenazante, para romper mi piel a tal grado,
de abrir largas heridas, para drenar el dolor,
que ya no soporta este cuerpo sin control.
Pero he aquí que yo jamás comprometería mi felicidad,
a un pedazo de carne y hueso,
eso es lo que somos los humanos,
eso es lo que me enseñaron las cicatrices de estas manos.
Colaboración de Isa Ronserot
México
