Desgarra el alma el dolor que se siente al percibir
la maldad de algunas personas, por el prójimo,
principalmente cuando quienes destilan tanto veneno,
son allegados a nosotros.
No lo concibo, ni logro superar ver cómo dañan
a otras personas y notar que eso les ocasiona satisfacción.
No respetan si son niños, personas mayores o ancianos,
es más, les inculcan a los niños que procedan como ellos,
los llenan de veneno en contra del prójimo,
como si el guardad rencor, odio o hablar mal de otros,
fuese lo mejor.
Viven agrediendo verbalmente y con hechos,
como si el ocasionar mal fuese su única razón de ser
y felicidad en su vida.
No saben lo que es respetar, tolerar, entender a los demás,
es como si el mundo girara en torno ellos
y que son los que tienen la razón.
Ellos no se equivocan, no cometen errores, no son malos,
siempre tienen razón, son perfectos, si algo no es así,
seguro que actuaron así porque tuvieron una razón valedera,
como ellos son sus únicos jueces, pero si le ocurre a otros,
no lo perdonan, todo debe ser como ellos dicen o deciden,
sin respetar el deseo u opinión de ninguna persona.
Viven dominados por el egoísmo, sin pensar que
lo que ellos condenan o les ocasiona burla,
puede llegar a pasarles a ellos o a alguien
a quien ellos quieren mucho.
Esos pensamientos no existen en sus mentes,
como no existe los buenos sentimientos en sus corazones,
todo es por interés y beneficios propios,
quieren ser amados y respetados pero ellos no lo hacen.
Me cuesta creer que existan personas con tanta maldad
y veneno en el alma y corazón hacia el prójimo,
no se dan cuenta que todo eso les destruye hasta la mente.
Eso no les permiten hacer felices a nadie,
ni ellos mismos logran serlo.
Si supiésemos aceptarnos tal cual somos
y con lo que tenemos, valorando todo lo que vivimos
y nos dan, tendríamos un mundo mucho mejor.
Alicia Acuario
Gral. Daniel Cerri - 1990
Colaboración de Alicia Acuario
Argentina
