Se prende la hoguera
ya llega el capataz,
hoy habla de sus penas
de la que ya no está.
Si ustedes me permiten
aquí les voy a contar
que la amaba como a nadie
como a nadie he de amar.
Era mi mujer, amigo,
la que me hacía inspirar
la que me robaba el sueño
muy cerca al platanar.
Por ella tallé la tierra
y por ella dejé a mi vieja.
¡Solo sé que yo la amaba,
me hacía olvidar mis penas!
Con los años han llegado
los frutos de aquel amor
una vestida de luna
otro vestido de sol.
Nuestro rancho se adornaba
de poesía y amor.
Hasta que llega el malvado
a marchitar mi ilusión,
ella creyó en sus promesas
las mías las olvidó.
Pensando que no sabía
del engaño de los dos,
en una tarde de invierno
los sepulté allí a los dos.
Es por esto, mis amigos,
que no creo en el amor
pues hoy solo con mis hijos
les cuento de mi dolor
y les digo ya no sufran
pues ya mamá está con Dios.
Colaboración de Gladis Waira
Colombia
