Hiere el aire que respiras
y te rindes antes de intentarlo.
Duele la debilidad que te quiebra en llanto,
es más fácil sufrir que el desafío.
Duele tu cabeza gacha en mis ojos
y en tus ojos el llanto te apuñala.
Duele el alma en tu cuerpo,
quiere huir adonde termine el martirio,
al paraíso o a la inexistencia -es lo mismo-.
Duele tu mirada diluida en el mundo
y en tu piel la sonrisa forzada.
Siente el piano tu grito
y en las teclas suenan tus lágrimas.
Tus lágrimas son tu huella
invisible ante el gentío.
Duele la soledad que te mantiene
ajeno a este mundo pidiendo permiso.
Duele la ausencia
de quien te hubiera elegido.
Estás cansado de esperar de la vida,
cansado de mendigar cariño.
Cansado de buscar y no hallar
un lugar, un amigo.
Hiere el aire que respiras
porque duele la vida.
Cuando se convierte solo
en el aire que respiras.
Colaboración de Verónica Petasne
Argentina
