10 de noviembre de 2013
San Juan de Puerto Rico
Cariño mío:
Anoche te extrañé más que nunca.
Me hizo falta que recostaras tus pechos sobre los míos, puesta un poco de lado, mientras te arropaba con mi brazo y ponía mi mano en esa parte que tanto me gusta de tu cuerpo. Esa deliciosa parte donde termina la espalda para convertirse en caderas. Me gusta tu cuerpo. Me gusta el color brillante de tu cuerpo. Me gusta tu desnudez. Me gusta verte sin ropa. Me gusta verte caminando desnuda por la casa. Mientras la luz brillante que se cuela por las cortinas de la sala ilumina tu cuerpo. En las noches, para dormirme, me gusta recordar las cosas que hemos hecho. Y me gusta repasar, una y otra vez, las que aún no hemos hecho. Me gusta confundir ambas cosas. Me gusta sentir que todo ha pasado. Me gusta que nada haya pasado. Aunque no sea real. Eso me gusta.
Me gusta recordar… Me gusta recordar que nos hemos bañado juntos. Que he disfrutado mucho ver el agua caer sobre tu pelo mientras discurre obligada hacia el origen. Hacia el mismo centro. Me gusta recordar, aunque no sea cierto, que te besé toda. Sin tiempo. Poco a poco. Y que descubrí tus imperfecciones, que por más que avancen jamás podrán alcanzar las mías. Me gusta descubrir un lunar guardado en algún escondite de tu pecho. Me gusta besarte. Me gusta recordar, aunque no haya pasado, cuando leímos juntos del mismo libro, desnudos en la cama. Cuando encontramos juntos esa parte, esa línea, que tanto nos gusta y que tanto mencionamos. Me gusta cuando, mientras te preparo el café, corres a la biblioteca a encontrar urgente la línea que sigue a la que acabo de recitar. De mi antigua memoria. De mis antiguas lecturas. De mis antiguos libros. Y me gustan tus notas.
Escritas impecablemente, con una letra cariñosa y limpia. Me gustan tus dedicatorias en los libros que me regalas. Me gusta que me regales libros. Me gusta que ya tú los hayas leído. Me gusta que me recuerdes algo que dice el libro, aunque no haya pasado.
Me gusta recordar el día en que llegaste. Me gusta saber que no lo olvido. Me gusta recordar tu mirada. Tu mirada coqueta y cautelosa. Tu mirada perversa. Me gustan tus perversidades. Me gustan nuestras perversidades. Me gusta recordar el sonido de tus zapatos. Me gusta que dejes la puerta medio abierta. Las cortinas a mitad. Para que entre la luz. Para que se cuelen de manera imposible los fisgones. Me gusta tu candor. Me gusta tu atrevimiento.
Me gustan tus sueños. Los mágicos. Que nunca son los menos.
Me gusta recordar cuando nos tocamos por vez primera. Me gusta dormirme pensando en ello. Me gusta recordar que fuiste tú quien me tocó primero. Me gusta que no tengas recato. Me gusta todo lo que no es somero. Me gusta desarmar contigo los códices. Encontrarle sentido a lo profano. Después de los cincuenta se hace más fácil disfrutar lo que no es sagrado. Lo no secular. Lo inmodesto. Lo libertino. Lo no amparado. Me gusta que siempre falten las palabras. Me gusta nuestra ausencia de silencio. Me gustan cada día más tus palabras. Me gusta cuando inventamos palabras. Cuando no tenemos manera de llamarle a lo que tenemos.
Me gustas cuando no llegas. Porque cambio mi forma de concebir el tiempo. Sólo así es cuando me gusta lo urgente. Cuando todo es más inmediato. Cuando las horas son días y los días son años. Me gusta sentirme confundido. Me gustan los enigmas. Me gusta cuando buscamos la forma de aclararlos.
Me gusta que anoche te haya extrañado.
http://reynaldoalegria.wordpress.com/2013/11/10/anoche-te-extrane-mas-que-nunca/
Colaboración de Reynaldo R. Alegría
Puerto Rico