En el límite entre sexo y sadomasoquismo
es en el que me encuentro.
Es como gozar el caminar sobre fuego:
El cuerpo hierve, la piel arde y aun así ese orgasmo que dispara mi cuerpo
en ese instante de dolor y placer satisface mi hambre.
Aun cuando estoy saciada, con la ropa rota, despeinada, mojada, cansada,
con marcas, con las partes desgarradas e irritadas,
aun así dejo pasar un momento y el deseo resplandece
y me consume inhumanamente.
Parada, sostenida por una sábana en el cuello con las manos atrás,
abierta y totalmente sometida a su merced,
sin control de nada, predispuesta a lo voraz de su apetito,
tocándome, al saborear su miembro, al entrar y salir,
al degustarlo, mi lengua enloquece.
Cuando me agarra del pelo, si no quiero, hasta el fondo,
casi ahogada y cuando me obliga a beberle.
Cuando me tira a la cama, al piso o donde le apetece
y me penetra de golpe y bien fuerte y sodomiza mi cuerpo.
Cuando oye mis gritos de dolor y los disfruta,
si quiero o no quiero, sin importarle de mí y ¿por qué?,
porque es mi captor.
Aun así en lo indefenso de mi ser encuentro mi poder,
es como un veneno inyectado en las venas
que mientras me da vida me mata placenteramente.
Colaboración de Jade
Argentina
