He dejado el páramo,
en el final de mi retina,
cambiando la savia del verde
por colores hirientes
y lazos despiadados.
La noche no tiene sueños,
las sombras apaisadas
son alargadas,
de nada valen las palabras
hoy sólo soy capaz de escuchar
la individualidad amada.
Desde las entrañas se eleva un grito
hacia la soledad absoluta,
temo la aventura del silencio,
cuando de arrugas es capaz de llenar el alma.
Toca los techos sin fondos,
El poeta del asfalto,
aquellos pintados con agujeros negros,
que preguntan al olvido,
si mecerme en la ausencia
es mi forma de ignorar el presente.
Poeta, déjame soñar con la espuma de mar,
es mi súplica creer
que la vida no es tan perra,
déjame pensar que el azul,
sigue dejándome asomarme a la niñez...
Es el aire que necesito para seguir viviendo...
Un día triste y negro...
Colaboración de Zarazara
España
