Sentada miro hacia la ventana, veo la blancura de las cortinas... Trata de entrar algún vestigio del inestable día.
Sólo mi mirada observando el salón en una única recorrida.
Entonces ahí es cuando mi mente empieza a funcionar... Recuerdos y más recuerdos.
Lindos e imborrables momentos que pasamos juntos.
El mar con sus inmensas playas, las olas rozan mis pies, camino sobre la arena mojada y disfruto al pisarla.
Extraño esos veranos, el mar bravío e intenso, días soleados y fríos, contemplando todo hasta ver el atardecer.
Vuelvo al sitio donde estoy, que hay... Sólo paredes y un perpetuo silencio.
El desarraigo al dejar el país de uno, trae consigo momentos de melancolía.
Colaboración de Grace
España
