Mira amor mío, pongámoslo así:
Ni tú me amas tanto como yo creo, ni tú te imaginas tanto como yo siento.
La verdad es que si superas lo que palpita en mi corazón;
las estrellas del cielo se quedarían cortas, y el sentido de la razón se quedaría perplejo,
no hay cosa tan maravillosa como mirar tus ojos tan cerca, beber ese café que destella con el brillo de una llamarada.
Como una piedra de ámbar, con el color la tierra mojada; con tu aroma, con esa delicada lluvia de perfume fresco que emana de entre tus pechos.
Eres una tarde mirando la lluvia a través de la ventana, eres el calor infernal que hace sudar la piel que me viste. Envuelves tanto a mis sentidos que aún no sé a ciencia cierta, qué es lo que hay después de ti.
Tu boca... ¿Qué decir de tan perfecta escultura labrada en mármol? ¡Yo viviría en tu aliento cada vez que me dices te amo! Siento mi alma desangrar dulce miel cada vez que me besas y colapsas mi ser.
Yo te amo, mi niña con ojos de cristal; pero no como tú lo crees, ni como yo lo creo, porque la verdad es que eso amor mío, eso solo lo sabe la distancia y el tiempo que nos separa.
