Se tornará tu vida eterna
si te tomas de dos a tres segundos cada día
de dos a tres instantes para amarme
para buscar en las preguntas conciliadas
la exactitud de las medidas.
Sabrás que te he amado, bajo el poder del verbo
en el cántaro, en el cielo, en los sueños, en la flor
que en tu nombre no abduje ninguna despedida
que te amé como se aman los amores del infinito
con los sueños dispuestos como ofrendas
oro de miel y sahumerio de la eternidad para tus altares.
