Hola José, no sé cómo empezar esta carta, si cada vez que te pienso no puedo evitar derramar lágrimas por ti, por todo lo vivido y por todo lo que nos faltó vivir. Sabes; te escribo porque he decidido parar ya no quiero seguir lastimándome con nuestros recuerdos, porque son muchos los momentos que disfrutamos pero también han sido muchos los momentos de tristezas; aun así no me arrepiento de nada; en el amor se sufre y se llora, pero también, se sonríe y se disfruta. Es algo así como una batalla donde no hay ganadores, porque ni tú ni yo perdimos. Tú te llevaste un pedacito de mí y yo también me he llevado un pedacito de ti.
Acepto que te he echado de menos, que cada noche antes de dormir pienso en como estarás, no sé si respiras, no sé si me extrañas, no sé si aún me piensas como yo te pienso cada maldita noche cuando me recuesto en la cama.
¿Cómo pasa el tiempo no? la ciudad ha cambiado, mi habitación ya no es rosa, la pinté azul porque siento que mis sentimientos se ven reflejados con esa tonalidad desde que ya no estamos juntos, ese sofá que era testigo de nuestras noches de locura ha cambiado, lo dejé en un rincón para no recordarte tan seguidamente, quisiera saber si tú has cambiado, si eres feliz o si ya otra ocupa tus pensamientos...
Que no daría yo por fundirme en tu cuerpo de nuevo José; que no daría yo por darte ese beso que me pediste aquella tarde que aun amándote; te lo negué, que no daría yo por volver a caminar contigo de la mano, pero ya no se puede ya todo está perdido... ya tú no estás para que seas mi novio, mi amante y mi amigo.
