Salí de casa, viento en pompa.
Con el aire en contra,
con el aire a favor.
Fui a buscar el jugo de la vida y volví con zumo de naranja.
Salí de casa,
viento en pompa.
Y al volver me encontré de nuevo con el viejo pesar. Con el pensar antiguo. De la casa vieja. De la vieja vida,
Que pugna por ser nueva.
Salí de casa, de la vieja casa. De los viejos amigos. De los viejos amigos. De los viejos tiempos. Salí del maloliente pensamiento... en busca de jugo de vida.
Y volví a lo viejo con zumo de naranja.
De frente veo el horizonte.
De espaldas no veo el muro, ni lo veré jamás de frente. Para ello está de espaldas.
Pero la ilusión me hace creer que lo veo. Que me topo con él. Que me ciega. Y la ilusión me hace creer que no voy de frente.
Al final veo fantasmas. Abuelos extraños. Muertos. Viejos prepotentes que murieron descalabrados por una caída en la calle, en una tienda de Zara.
Pero todo está en la espalda. En la ilusión. Y siempre tengo delante el horizonte. Porque los cambios los hago yo, no por cambiarme de sitio para ver mejor de frente. Sino esté donde esté saber y ser consciente de que el que cambia soy yo. No el lugar.
Y esto es lo que me dice el zumo de naranja.
