Y se fue sin mirar atrás... sin remordimientos ni compasión. Se fue. Teniendo la oportunidad de quedarse, por unas horas, por unos días, por toda la vida o simplemente hasta que aquella flama que había se extinguiera. Quisiera creer que en algún momento dudó en hacerlo ¡Que iluso! Y aunque pudo haber sido de mil maneras diferentes, se fue, se marchó... dejando un corazón confundido y destrozado, que le gritaba en silencio que se largara a la vez que le suplicaba que se quedase, el corazón confundido continúo en silencio. Esperando lograr lo imposible, que quitara ese cerrojo de su boca y decidiera, gritara quedarse. Se fue, sin palabras.
Seguramente olvidó sin remordimiento a aquel amante clandestino al salir por la puerta. Se fue en silencio porque aquello que se siente no se calla, porque aquello que se siente son como cuchillas que hay que sacar del corazón a través de las palabras y hasta no salir no dejan de doler un poco, mientras cicatrizan las heridas. Alguien aguardaba por ella y después de irse le sería fácil olvidar y continuar, sin mirar atrás, sin remordimiento alguno. Pero eso no es lo peor ¿Quién le leerá poesía? ¿Con quién cumplirá sus sueños?
