Una linda viejecita, la que un día le hablé de él,
puso su mano en mi mejilla acariciando mi rostro,
dijo de una vez: no te acostumbres sólo está prestado en tu ser,
no te enamores si no puede corresponder;
no tomes nunca sus manos si en tu corazón hay amor de mujer;
no lo mires a los ojos, se dará cuenta y verá tus mejillas arder.
Aléjalo de tus pensamientos.
No puede darse cuenta que te enamoraste sin querer.
será el torbellino de tus sueños y de cada amanecer.
será tu alegría de verle cada vez que estés con él.
Recuerda mi pequeña amiga: está lejos de tu mano,
no lo puedes coger.
Será esa luz que a lo lejos tan sólo puedes ver.
Guarda tu secreto, pequeña amiga, en lo más hondo de tu ser.
Él se ha cobijado en los brazos del Creador y amo del poder.
No llores, hija querida, tu sollozo me da a entender
que lo amas con toda el alma y él nunca lo va a saber.
