Ayer,
caminando al son del viento,
encontré un triste gorrión,
que lloraba con lamento,
al ver roto su corazón.
El gorrión pedía al cielo,
que mandara un poco de amor,
y sentía un gran desconsuelo,
al no ver cumplido su favor.
Sintió profunda rabia,
al verse abandonado,
pero no era la manera sabia
sentirse encolerizado.
Lo tomé entre mis brazos,
y le dije a ese ser
que siempre existirán fracasos,
que tenemos que sobreponer.
Mis ojos con mucha alegría,
le hablaron del amor,
que Dios y la naturaleza le ofrecía,
para calmar su dolor.
El gorrión alzo sus alas
y empezó a volar,
entre flores y ramas dijo,
que no lo iba a olvidar.
Desde aquella tarde,
voy al campo a caminar,
y entre la hierba verde,
digo que se puede amar.
Para amar se necesita,
fuerza de voluntad,
y Dios la da bendita,
para tener felicidad.
