Sin dudas, es una bonita reflexión y una gran verdad. Siempre buscamos a alguien en la vida para no estar solos; pero estamos listos como personas, como seres humanos para recibir y valorar lo que se nos va a dar. Hemos sanado y dejado atrás lo que un día amamos o quisimos. Es bueno vivir un tiempo en soledad para conocernos y sanar heridas, para poner como se dice “la casa en orden”.
De una mala experiencia, hay que quedarse con lo bueno y aprender la lección. Nadie pasa por tu vida por casualidad, siempre te deja o enseña algo. El paso por esta tierra es breve y la felicidad son momentos muy pequeños que se nos regala y que muchas veces no sabemos valora hasta que se pierden. Así es como la autoridad de la frase va decayendo, rozando la indiferencia.
El otrora pasaporte al corazón de una dama empezará a resultar menos convincente si los hombres no logramos asignarle al “te amo” el cuidado que se merece. Debemos dejarnos de invocarlo a cada momento y sin el acompañamiento de actitudes que le den soporte con los hechos. Pronunciar “te amo” podría estar en baja. Por fortuna, todavía hay tiempo para recuperarlo y llevarlo al pedestal del que nunca debería haber descendido.
