Hasta hoy no he podido resolver el sistema
de ecuaciones de tu corazón;
no he podido encontrar los valores desconocidos
de las variables que satisfagan la incertidumbre
de tu mente…
y tampoco he descubierto cuántas son las incógnitas
de tu alma: ¿dos?, ¿tres?
¿acaso se trata de un sistema de ecuaciones no
lineales?
Ya intenté penetrar en el núcleo de tu ser
utilizando el método de sustitución:
despejé una incógnita en una de las ecuaciones
de tu alma;
sustituí la expresión de esa incógnita en la otra
ecuación y obtuve una nueva ecuación con una
sola incógnita;
resolví la ecuación y sustituí el valor obtenido
en la que aparecía la incógnita despejada;
obtuve dos valores, pero no encontré la solución
del sistema, como había deseado.
También lo intenté usando el método de igualación:
despejé la misma incógnita en ambas ecuaciones
de tu alma;
igualé las expresiones, con lo que obtuve una ecuación
con una sola incógnita;
resolví la ecuación y sustituí el valor obtenido en una
de las expresiones en que aparecía despejada la
otra incógnita;
obtuve dos valores, pero tampoco encontré la solución
del sistema, como había esperado.
Ahora sólo me queda intentar derribar tus resistencias
usando el método de reducción:
voy a preparar las dos ecuaciones (tú y yo)
multiplicándolas por el número de veces que hagan falta
(insistiré, insistriré e insistiré hasta que logre desvestirte);
voy a restar tus dudas hasta que desaparezcan;
voy a resolver la ecuación que provoca tus miedos;
voy a sustituir con mi nombre, cada uno de los valores
de tus ecuaciones iniciales;
los valores nuevos que obtengamos constituirán la solución
del sistema de ecuaciones de tu corazón.
Y serás mía.
