Supuse esperar pero la luna arrugó la espalda del mar;
así seguí, como la playa persigue el mar,
la dulce perla de tu abrazar, llegué a la cumbre de un sonreír, cuando anclé en la luna,
la vocal de tu boca, que sin huellas
ha robado de este museo la puntuación de un pobre caminar.
Supuse respirar, creer, gritar, solo que sin el aire
que acunó tu sombra en el pecho de la angustia,
solo pude suplicar en silencio, callando un par de lágrimas y lámparas que estaban frente a mí.
Supuse ver el sol nuevamente, pero de pronto
las puertas se arrancaron las bisagras,
el sol se despegó del cielo que lo ataba,
y las flores conquistaron las macetas,
y solo supuse verte reordenando un planeta tuyo todavía
como flotando entre mis poesías.
