Somos el reflejo de un espejo, almas manchadas con las mismas caricias, atormentados por los mismo fantasmas y escondidos bajo la misma sombra. Somos amantes de la noche y de las lunas en vela, de los callejones obscuros y de entre los tétricos escenarios escogemos la casa que cubre con su enredadera la cerca entera. En el patio enorme pasto que va devorando todo a su paso y un gran Mezquite con sus ramas amenazantes, largas y fuertes varas que hacen sombra a la luz de la luna.
Pareciera que en el albergan almas que te rozan la piel cuando pasas, la sensación de protección de estar en casa.
Practicantes de teorías propias con conclusiones que nos hacían esmerarnos y poner a trabajar la mente, siempre se llegaba al punto y a la conclusión.
Lo intangible, aquello que solo era un sentimiento difícil de entender mas muy fácil de sentir, a ello le poníamos forma de manera que se pudiese tocar y dibujarse, le ponía palabras.
La fantasía no existía: brujas, duendes, magos, wiccanos y hechiceros todos existían. Era un mundo entero bajo una sabana negra que escondía un mundo con colores grises, obscuros y pardos, ilusiones y poesía todo ello lo era.
Mis palabras te las escribía en un cuaderno para el momento de que me preguntaras mis ocultos sentimientos, aquellos que ha simple vista tal vez se miraban, mas lograban ocultarse tras de algunas discusiones o celos sin razones. mas escritas eran dulces como tus labios, y te las leía al pie de tu ventana.
Con el corazón latiendo fuerte sentía cada latir en mi pecho, y cada vez que miraba tus ojos ellos se clavaban en mi alma como queriéndomela arrancar del cuerpo.
Tu preguntas, que!! yo en ese momento con mil sentimientos dentro revoloteando por todo mi cuerpo me limitaba solo a decir “me gustas”, cuando en realidad quería resumir en pocas palabras; que eres hermosa, que me gustaba tomar tu mano y despertar a tu lado. Mirando tus labios para darte un beso y ver como con los pocos rayos de luz que entraban a través de la habitación oscura se iluminaban tus ojos, que me gustaba despertar con el brazo adormecido porque dormiste sobre el. Porque me gustaba abrazarte por las noches, amanecer de esa manera y sentir que te protegía de lo que viniera. En realidad te quería decir que me gustaba lo que sentía, aunque no sabía cuales serian las palabras correctas para referirme a esos sentimientos, en realidad quería decirte eso.
A veces caminaba hasta tu puerta con unas cuantas flores en la mano, y dentro mío algo asemejado a la felicidad, con alegría recorría el camino que conduce a tu casa con prisa de querer abrazarte y darte un beso para escuchar tu voz y no pensaba en nada mas que en eso, en el camino nada se me interponía, nada me impediría llegar hasta tu puerta y entregarte en tus manos a esas pobres inocentes que desfallecen, pero que estoy seguro que si antes de que su fin les llegue, lograran sacarle a tu rostro una sonrisa... fallecerían tranquilas porque su belleza fue trasmitida. Porque su propio ser será guardado con gratitud en tus memorias, igual a una fotografía que se guarda con cariño y se protege de todo lo que nos es posible, tan solo para conservar ese recuerdo visible de una bonita experiencia.
De esa manera las flores guardarán su esencia en un recuerdo y a mí en unos ojos brillantes y un gran beso.
Eramos perfectos unidos y nos apartábamos del resto, porque no existía nadie, nadie era como nosotros. Nadie amaba lo que nosotros cada día respirábamos... nadie veía lo se nos aparecía en nuestro camino, porque sabía que eras diferente. Sabía que tu mano encajaba con la mía, porque nadie existía.
Porque te eligió mi corazón, porque solo una vez nace el amor...
porque somos y seremos siempre ¡¡Solo tú y yo!!