Tú no estabas en mi cuerpo, Joaquina, cuando la tarada abre un grifo y es como si me diera un navajazo.
Tú no estabas en mi cuerpo, cuando en nochevieja tuve que decidir no ir a casa de mis padres porque me iba a encontrar más sólo que en esta casa, que tampoco es mía.
Tú no estabas en mi cuerpo cuando rodeado de tarados y enfermos pasaba las noches sin dormir por culpa de sus quejidos y golpes.
Tú, Joaquina, no estabas en mi cuerpo cuando nunca quise amigos, ni pareja. Cuando tuve que enfrentarme a mí mismo y a mi vacío. ¿Qué me dices de aprender a respetar, si no estabas en mi cuerpo cuando pasaba todo esto?.
Tú no estabas en mi cuerpo cuando dedico mi tiempo entero a liberarme de envidiosos, cuando continuamente me preguntan qué hago aquí si podría estar en casa de mis padres.
Tú no estabas en mi cuerpo cuando te llamó mi madre por teléfono y sentí una cuchillada en el alma, como si se me abriera y se derramara su sangre sin nadie que la pudiera recoger, sólo enfermos y locos a mi alrededor y gente que sacaba provecho y se comparaba diciendo que eso lo tienen superado. No estabas en mi cuerpo, Joaquina. Sabes mucho, sí, pero no estabas en mi cuerpo. ¿Así que de qué me hablas cuando me hablas de aprender a respetar al mundo para funcionar?.
Salgo a la calle después de una noche de insomnio, porque tengo dos vecinos enfermos que se dedican a golpear las paredes justo cuando me voy a dormir. Y parezco otro enfermo. Otro loco. Aunque no lo sea. Convivir con locos te vuelve como ellos, como no tengas una barrera firme que delimite tu campo del suyo. Y ¿quién les pone barreras a los locos que no están en un manicomio?. Nadie, Joaquina. Porque los locos fuera del manicomio están justificados.
Tú no estabas en mi cuerpo cuando llega la loca perdida de Círculo de lectores (Marisol) comparándose conmigo, que si tengo más que ella o menos. Que si de dónde sale lo que tengo. No estabas en mi cuerpo.
Tú no estabas en mi cuerpo cuando oía gente perdida de la vida, quejicas, decirme que es raro que tenga o que no tenga. Que de dónde salgo yo y lo que tengo. Que qué raro, decían. No estabas en mi cuerpo.
Y ahora que estoy muerto tampoco estás en mi cuerpo.
Jesús, ayúdame.
