¿Cómo puedo sembrar un Nomeolvides junto a tu corazón?
tu andar tiene la elegancia de una Acacia: nunca contemplado.
¿Cómo vas a calmar mis celos, nacidos del egoísmo de un Narciso?
tu sonrisa me devuelve la esperanza, cual Campanilla de invierno;
¡blanca flor de Yuca, tú conoces mi más ferviente deseo: hacerte el amor!
Tu belleza y perfección se esparcen al aire y me seducen cual Adelfa;
tus pechos, cual botones de Rosa, mueven mis pensamientos hacia ti;
tu nombre está escondido en este poema, corazón de Azucena.
El perfume de tu cuerpo calma mis inquietudes, cual Caléndula;
tu intimidad, cerrada para mí, tiene el aroma duradero del Enebro:
pero el Lirio nunca guarda su suavidad para él y se deja coger;
yo espero noticias placenteras en octubre: cogerte cual Iris azul.
