La noche estaba triste y muda,
Viajaba sola por el viejo jardín,
El viento escondido entre la nada,
Tomó mi alma y a mi sueño puso fin.
Era las doce de la noche,
Cogí mis maletas llenas de soledad,
Viajé por el viento con mi coche,
Y sentí en mi alma mucha frialdad.
De pronto una melodía entrecortada,
Se escuchó a lo lejos,
En ella vi sus ojos,
Y unas palabras que decían.
Cuando el vendaval pierda su viaje aventurero,
Cuando la mentira se desnude ante la verdad,
Cuando mis ojos dejen de mirarte,
En ese momento yo dejaré de amarte.
Era la voz de mi amada,
Era la mujer que mi corazón amaba,
Era esa jovencita que un día partió,
En una nube negra al cielo se fugó.
Cómo no recordar,
Esos dulces labios, que eran más suaves que un algodón,
Esa suave voz, que era más dulce que una melodía,
Esa larga cabellera, que era más hermosa que una rosa,
Y ese corazón, que era más sincero que la propia razón.
Ahora que no está,
Mis noches son una paradoja,
Sueño que me besa,
Como el viento besa a una hoja.
Debo seguir durmiendo,
Pero antes de hacerlo,
Quiero conversar con los muertos,
Hacer una reunión en los desiertos,
Y salir de este infierno cruzando mares e inviernos.
Es ahora justo la noche más perfecta,
Donde le recuerdo sentada junto a mi cama,
Donde la soledad en mi corazón canta,
Una melodía para mi amada.
