Quizás pensamos que no podemos,
Que no es para nosotros,
Que no hay un propósito.
Nos decepcionamos rápido,
Nos frustramos y pensamos que estamos solos en este camino.
El alma duele, el pecho se abolla, los huesos pesan.
Y ahí está él, mirándonos de brazos cruzados viendo como no podemos, no somos.
Y se apodera de a poco, silenciosamente de a pasos chiquititos, pero con mucho peso.
Un día nos levantamos y está ahí, nos acompaña a cepillarnos los dientes, en cada salida, cada decisión, en cada paso que tratamos de avanzar, haciéndonos retroceder.
Nos hace creer que no somos capaces, que no lo merecemos... entre tantas cosas, no?
Y es ahí cuando nos encontramos nadando en una profundidad donde si frenamos un segundo y nos miramos, sí nos miramos... Nos vemos desde afuera.
Ahí estamos por un lado nosotros y al costado él, una relación de poderes, un tira y afloje, vos o yo?
Qué hacemos? Le abrimos del todo la puerta? Dejamos que nos posea por completo? Seguimos nadando en esas aguas? O le cerramos la puerta, le decimos no, nos animamos y lo enfrentamos porque entre ese mar de oscuridad hay una luz a nuestro alcance y solo depende de nosotros tomarla. Una luz que nos hace ver que SOMOS, PODEMOS, MERECEMOS que si no funciona, algo distinto vendrá, que el dolor no es nuestro enemigo, es un maestro que nos da fuerza y enseñanza, que no estamos solos y que la vida es mucho más de lo que podemos ver, que hay que transitarla con todas las personas que pasan por nuestras vidas, dejándonos una enseñanza, que EL, el señor miedo no nos posee, no es nuestro dueño, nosotros somos el de él, le abrimos la puerta y lo dejamos pasar cuanto nosotros queramos.
Vos decidis.
