La vi después de unos años, ambos conteniendo deseos truncados, nos envolvimos en miradas inundadas de recuerdos de un amor ya lejano. Fracaso en fracaso, volvimos a estar donde empezamos, conociéndonos tan profundo, supimos de inmediato que era un error encontrarnos. Ahora todo es distinto, la inocencia, la espontaneidad de cuando el primer momento coincidimos, esta vez el amor no pudo lograrlo. Palabras, recuerdos, gestos, sonidos, ensueños que un día se confabularon para extasiar nuestros cuerpos desnudos en mil quimeras que se apagaron. Saludos de mano tan simple y llano, cuando ayer mi lengua humedecía partes cóncavas y convexas de un cuerpo incendiado. Miradas esquivas, aliento aletargado, ya no más de excitación, sino más bien de enfado por ser tan inconscientes del gran amor que zozobramos. Dolor penetrante, crónico, encarnado, por años de distancia, viajando sin brújula, sin rumbo, cruzando en una barca improvisada un océano tempestuoso, imagen fiel del dolor que nos causamos. Extraños, conocidos, distantes, cercanos, amantes, odiados, íntimos, abyectos, genios, estupidizados. Somos opuestos, ahora nos repelemos con la misma fuerza colosal con que nos juntamos, el 69 era el símbolo de complemento de dos seres que se fusionaron, ahora el 96 nos representa, vamos en sentido contrario. No quedan palabras, acciones o pensamientos, todo lo exploramos, hoy somos un agujero negro si estamos juntos, destrucción, obscuridad y muerte es lo que manifestamos. Dolor penetrante y prolongado.
