Bajo ese esplendido brillo que inundaba mi pequeña habitación, estaba yo deshojando una bonita rosa, preguntándole a la vida quién era yo y porqué me encontraba allí.
Respondió mi pregunta aquél Dios, el cual creí estaba presente. Respondió con un frío helado y sin palabras coherentes.
Aunque siempre quise pensar "la soledad era mi amiga" esa noche comprendí me había abandonado desde hacía días.
Cada noche sólo existe una luz que a mí me escucha, que aunque no puede abrazarme con su brillo me arrulla... Bella luna.
