Hola Helena:
Estoy sentado acá hace 5 minutos y no se como empezar. Tal vez porque pareciera que solo nos comunicamos cuando pasa algo, como ahora con tu mami y diera la impresión que uno se comunica solo por compromiso.
Pero créeme que no es así, tal vez sea la poca frecuencia lo que hace difícil el empezar, y ahora, tal vez sea porque en estos casos cuando nos toca hablar de una persona que ya no está, nadie tiene las palabras adecuadas, porque cuando uno pierde a alguien querido, NADA de lo que nos digan sirve.
Será por esa incapacidad que tenemos de comunicarnos en situaciones de dolor, que inventamos frases como: mi más sentido pésame, te acompaño en el dolor, ahora ya está mejor, o peor aún... ya se te va a pasar (esta es la peor), y no entendemos que a veces la sola presencia ayuda mas que una frase “bonita”. Cuando me dieron la noticia que mi tía había partido, estaba trabajando y la leí en un mensaje de Linda (si no me equivoco), y me quedé parado ahí por un rato y luego dije “chau tía, cuídate mucho que ya nos encontraremos”.
Ahora me pongo a pensar y no se porque le dije que se cuide, pero en fin... luego me vino a la memoria una vez que estaba en tu casa y tu mamá me sirvió un plato que tenía verduras (no tenía mas de 10 años) y yo no como verduras ni a patadas. En el momento que estaba pensando como salir corriendo tu mamá me miró, frunció el ceño, me puso los ojos chiquitos y sin decirme nada entendí que no tenía escapatoria... no recuerdo si me gustó o no, lo que si recuerdo es que me comí todo el plato.
Lo otro que me vino a la memoria fue en el entierro del abuelo Emilio, en la que coincidieron todos los hermanos. Yo quería tomarles una foto y alguien me dijo “a tu tía Esther no le gusta tomarse fotos”, yo me acerqué a tu mamá que estaba caminando y abrazándola del hombro le dije “tía quiero tomarles una foto para aprovechar que están todos los hermanos acá, mire que para que ocurra algo así va a ser muy difícil, así que aunque no le guste, que le parece si tomamos una foto”, tu mamá me miro como sorprendida, no se si fue por el abrazo o por lo que le dije, me frunció el ceño y me puso los ojos chiquitos, igual que con su plato de verduras, y me dijo “ya pues, vamos a tomarnos esa foto”.
Y lo último que recordé fue que estando en tu casa -no recuerdo cuando ni porque- es que todos estábamos conscientes de que tu mamá no oía bien, estábamos sentados en la cocina tu mamá en el lavadero y Daniel y yo sentados en la mesa. Estaba conversando con Daniel y algo dijo, no recuerdo que, pero me sorprendió que lo diga delante de tu mamá y cuando se dio cuenta de mi sorpresa él me dijo “ nooo mi mamá no escucha”, y a los dos segundos tu mamá, que estaba de espaldas en el lavadero, volteó, me frunció el ceño me puso los ojos chiquitos de nuevo... y me guiñó el ojo!!!... ya te imaginarás que oía todo lo que hablábamos y yo me quede calladito, calladito (hasta hoy).
Así como me vinieron esos recuerdos igual me pasó cuando mi papá se fue. Claro, los recuerdos eran muchos más y aparecían con mayor frecuencia, pero siempre aparecen (y siempre aparecerán).
A veces nos robarán una lágrima otras una risa. Ahora esos recuerdos me traen una sonrisa, y sabes qué? la pena siempre va a estar ahí. Hagas lo que hagas, pasen 100 años, la pena siempre va a estar ahí. La diferencia es, que aprendemos a caminar con esa pena, con días buenos y días malos, con días mejores y días peores.
Lo que pasa es que con el tiempo los días buenos van a ser más que los malos, solo eso, pero los recuerdos y la pena siempre estarán ahí. Es como un proceso sabes, al principio estamos como en shock, como que decimos “no esto no ha pasado”, “cuando regrese a casa ahí va a estar” y cosas por el estilo, cuando ya somos conscientes que en realidad ya no está, nos viene como una rabia o tenemos sentimientos de culpa: “porque se fue”, “porque te fuiste”, “si se hubiera operado”, “si la hubiera obligado a operarse”, te molestas contigo, con ella, con Dios, los astros, la vida y las estrellas, como buscando las causas de porque se fue.
Cuando ya te has respondido a todas esas preguntas, comienzas a filtrar esa pena y es como si lloraras mas tranquila y al final es como si te reconciliaras con tus sentimientos y en los momentos que aparecen los recuerdos, aparecen “sanamente” y no provocan dolor. Tal vez un suspiro, una lágrima “sana”, melancolía tal vez, pero no dolor, por todo eso pasé yo cuando se fue mi papá y creo que la gran mayoría pasa este proceso.
Algunos nos dura más a otros menos y va a depender de nuestra capacidad de conectarnos con nuestras emociones y poder expresarlas libremente, sin temor a mostrarnos vulnerables frente al dolor o a la muerte, como ahora, así que, sabes que? cuando tengas ganas de llorar, llora todo lo que tengas que llorar y no dejes que nadie interrumpa ese momento. Porque es la única forma natural de liberar tu angustia y poder pasar mejor este proceso de duelo, que de por sí ya es difícil porque nos enfrenta a una paradoja que es que uno tiene ganas que el proceso pase rápido y a la vez tiene ganas que no se pase nunca y esta “guerra” interna es la mas difícil de llevar. Es la que hace que cuando en algún momento nos sentimos felices o simplemente nos sentimos “bien”... nos sentimos culpables!!!
Y nuevamente buscamos la forma de recordarla, buscar una foto para sentirnos “mal” nuevamente y así sentir que somos buenos de nuevo. Esta “guerra” interna nos impide entender, y hay algunos que no lo entienden nunca... que nosotros podemos sentirnos bien y seguir recordando a los que se nos adelantaron. Muchos no entienden, que el dolor inevitablemente en algún momento nos va a llegar, pero que somos nosotros los que elegimos sufrir y los que eligen sufrir y pegarse al dolor; son los que la culpa de abandonar el dolor -para no sentir que no dejo de querer al que se fue- es más grande, que el amor que le tenía a esa persona.
Porque tenemos, a mi entender, el concepto errado de que mientras más amargado y triste estés, más demuestras el amor que le tenías. Cosa que para mí es todo lo contrario, no hay mejor forma de homenajear a quien se fue, que siendo mejor persona y para ser mejores personas necesitamos estar felices. No creas que te estoy diciendo que hoy o la próxima semana o el otro mes te quiero ver con una sonrisa de oreja a oreja como si nada hubiera pasado. En mi caso tuvo que pasar al menos un año y pasar su cumpleaños, el día del padre, navidad y cosas por el estilo para pasar este “proceso de duelo” y en ese tiempo lloré cuando tenía ganas de llorar, hablaba con él, hasta consejos le pedía (no se como me respondía... pero me respondía!) hacía comentarios con otras personas sobre él y con el tiempo las cosas que recordaba eran sus imperfecciones más que sus aciertos, recordaba sus metidas de pata, y sabes porque?, porque cuando recordaba esos momentos, me hacia reír y ya no lloraba mas, al menos no con dolor.
Recordaba cosas, como ese ruido desesperante que hacia con la cucharita cuando revolvía el azúcar en la taza de leche (algo que a mi mamá le crispaba los nervios!!... Víctor no hagas bulla con esa cuchara!!!... le decía). Recuerdo cuando preparaba su arroz chaufa salado, salado, salado porque nunca supo calcular la cantidad de siyau y luego, la cara que ponía cuando nos decía “mira cómo como yo, está rico!!!” y lo preparaba con unas ganas que daba pena dejarlo y nos lo comíamos todo. O esa vez en la óptica cuando tratando de convencer a un cliente explicándole la cualidad de los lentes de resina de “irrompibles” lanzó un lente contra el suelo, y el lente se partió en 15,000 pedazos, no te imaginas la cara que puso. Parecía el chavo cuando hacía una travesura y rojo como un tomate así como también esa vez que estábamos en un restaurante o una dulcería comiendo un sándwich y de pronto apareció una niña, de esas que paran en la calle pidiendo limosna y mi papa la sentó a mi costado y le pidió lo mismo que estaba comiendo yo.
Creo que fue en ese momento cuando aprendí a compartir, claro que también aprendí que los piojos saltan de una cabeza a otra y la forma mas rápida de eliminarlos es que te rapen la cabeza, te puedo contar mil cosas mas que recuerdo aun, y en algún momento entre esos días buenos y malos “lo dejé ir” y el dolor pasó.
Los chinos entre la infinidad de frases que tienen dicen que “la mayor fuente de sufrimiento humano es el apego” y es que cuando sentimos que se fue algo “nuestro”, cuando decimos que se fue “mi” mamá, “mi” mujer, “mi” hijo, por supuesto que nos vamos a sentir mal, nos quitaron algo de nosotros. Pero en la medida que somos conscientes que no nos pertenece nada ni nadie y que en esta vida llegamos solos y en el camino aparecen otras personas (papá, mamá, hermanos, esposa, hijos amigos) nos conocemos, nos queremos, vivimos un montón de cosas y en algún momento así como aparecieron se van y mientras más libremente yo viva esos apegos podemos “dejarlos ir” mas fácil.
Y al mismo tiempo más disfruto a los que aparecen y más disfruto los momentos que me toca compartir. Cuando comenzamos a sentir que no nos pertenece nada ni nadie es mas fácil soltar y dejarlos ir y cuando “sueltas” desde el corazón es cuando viene el alivio y la paz, así es mas fácil sanar y terminar este proceso de duelo.
Entendiendo que las penas no se pasan pero aprendemos a caminar con ellas, entendiendo que no podemos esperar a que la pena “pase” para comenzar a ser felices. Que podemos y debemos ser felices con las penas que tenemos. Que cuando el dolor o los problemas nos tocan la puerta así como podemos sufrir indefinidamente o preocuparnos hasta el estrés, también podemos decidir ser felices o dejar de preocuparnos por los problemas y comenzar a buscar soluciones. Mi abuelo me decía “cuando tengas un problema... no te preocupes... búscale solución!, y si no tiene solución... de qué te preocupas?”.
Ser felices es una decisión, no es un regalo del cielo ni algo que encontramos a la vuelta de la esquina. Yo no voy a ser feliz “cuando” este al lado de mi familia, no voy a ser feliz “cuando” me compre una casa, no voy a ser feliz “cuando” me aumenten el sueldo, la felicidad no la encontramos en la meta, la felicidad está en al camino y en todo lo que hacemos para llegar a esa meta.
Porque cuando dejamos nuestra felicidad en manos de los “cuando” implica un futuro y nosotros no somos dueños del futuro solo somos dueños del ahora y nada más. Situaciones como esta cuando entramos en contacto con la muerte, es una de las pocas oportunidades que tenemos para tomar consciencia de esto. Que no somos inmortales, no tenemos el tiempo comprado y que lo único seguro que hay en el futuro es que todos nos vamos a morir. Cuando tomamos conciencia de esto aprendemos a disfrutar mejor la vida y ser mejor persona. Porque si sé, que en algún momento ya no voy a estar, hoy, trato de ser mejor persona y hoy disfruto lo que tengo. No hay necesidad de hacer algo asombroso o fuera de lo común, cosas simples que a veces por simples las damos por obvias y las vamos postergando o dejamos de hacer, haber... hace cuanto que no miras a los ojos a tu esposo y le dices que lo quieres? Cuanto que no les dices a tus hijos que estás orgullosa de ellos?
Tal vez estés peleada con alguien y el orgullo evita que te reconcilies, ponte ese pantalón nuevo que tienes ahí guardado esperando usarlo en alguna ocasión especial (que ni siquiera sabes cuando será...) usa esa vajilla nueva para los “invitados” que no sabes quienes son ni cuando vendrán, usa ese reloj o esa cadena que te regalaron para que la uses y no para que la guardes, y si te la roban... que importa, ya la usaste.
Sabrás que los mexicanos dicen que las cosas no se roban, solo cambian de dueño. Mira el lado bueno de las cosas, valora a las personas por sus virtudes y no por sus defectos. Disfruta del placer de estar junto a las personas que quieres y que ellos disfruten de tu presencia, es el mejor homenaje que puedes darle a tu mamá que independientemente de las creencias que tengamos, que se fue al cielo, que esta durmiendo, que se convirtió en un pájaro o que simplemente se acabó, el asunto es que físicamente no está con nosotros pero de lo que si estamos seguros, es que ella va a estar en nuestros corazones y pensamientos.
Y el mejor homenaje que le podemos ofrecer es volver a sonreír y hoy ser un poquito mejor que ayer. (mira que escribí “tú” mamá, pero solo por una cuestión gramática... jeje).
Te estuve llamando por teléfono pero no contestabas, imagino que habrás estado ocupada, aunque creo que si hubiéramos hablado no te hubiera podido decir todo lo que escribí. Saluda a todos por tu casa y ten especial cuidado con tu papá, él ya es callado por naturaleza y va a necesitar de su compañía. Un abrazo a todos y ya nos estaremos viendo que ya me estoy regresando a fin de año o en enero a más tardar, cuídense mucho.
Los quiere, Arturo.