Si queremos ser capaces de pedir perdón y transmitirlo de forma adecuada al otro, es necesario que tengamos en cuenta una serie de aspectos a poner en práctica a la hora de llevarlo a cabo.
Mostrar arrepentimiento y asumir responsabilidad: lo primero que debemos hacer es empatizar con la persona a la que hemos ofendido.
Debemos ponernos en su lugar y entenderla. Asumir nuestra responsabilidad en tal ofensa y ser capaz de mostrar una actitud de arrepentimiento con nosotros mismos, con la situación y con el ofendido.
Es importante que el motor que impulse mi acción sea intentar reparar el daño ocasionado o tratar de atenuarlo al máximo. Y todo ello desde una actitud de humildad. Reconocer nuestros propios errores nos honra como personas.
Ofrecer una explicación exhaustiva al otro de nuestra actuación. Es fundamental que podamos explicar al otro qué nos llevó a tales palabras o actuaciones con el fin de que pueda entender mejor el contexto de nuestra actuación y, de algún modo, para que pueda comprender y asimilar los hechos. Buscamos también conseguir cierta empatía por parte de la otra persona. A veces simplemente hemos actuado mal y punto, y así mismo debemos ser capaces de comunicarlo.
Posibles soluciones al daño: reconocer que el daño ya está hecho y que no es posible volver atrás, es un aspecto importante. Sin embargo, sí podemos intentar arreglarlo de alguna forma, ofreciendo alternativas para mejorar la situación. Tal vez haya algo que podamos hacer para sobrellevar la situación, y sabemos alguna forma de hacerlo, podemos planteárselo al ofendido y que nos ayude.
Verbalizar el perdón: no sólo hay que entenderlo, también tenemos que ser capaces de verbalizarlo. Sacarlo fuera ayuda a asimilarlo.
Tener en cuenta el contexto: es importante buscar el lugar adecuado para pedir perdón y hacerlo siempre preferiblemente de manera presencial. Si la otra persona se niega a vernos, podemos barajar alternativas para comunicarnos por escrito, a través de un e-mail o correo convencional, evitando caer en la opción de mensajes de texto o llamadas que puedan incrementar aún más el enfado.
Si con estos métodos no obtenemos el perdón del otro, debemos ser capaces de comprender que está en su derecho de no hacerlo. En ese caso, podemos iniciar un ejercicio con nosotros mismos donde hagamos una lectura de qué aspectos debemos mejorar, también perdonarnos y entender que en algunos momentos, todos podemos actuar mal.