A veces quisiera creer que todo terminará: esta angustia, este anhelo de querer, de soñar, de desear a alguien es más grande, como también difícil de controlar por completo.
Es tanto el deseo de contar con una persona con la cual poder compartir, poder besar, acariciar, cuidar, escuchar, admirar, respetar, valorar primero que todo y un sinfín de cosas. Estar para ella incondicionalmente incluso a veces llegar a hacerla enfadar -en buen plan- para recordarle el porqué debería seguir conmigo y lo más importante, porque ella solo lo merece: merece ser feliz, tener una alegría completa y ser consentida como un bebé. Porque ella es como una luz, iluminando sin querer hasta las esquinas más oscuras del alma de un hombre.
Además no hay nada mejor que ver una persona feliz dispuesta a todo en la vida por sus sueños. El hombre que consigue una oportunidad como esta sabe cuánto vale dicha oportunidad, tiene un valor que es invaluable y sabe que es dichoso de estar a su lado para apoyarla esencialmente en los momentos más difíciles. Tristemente algunos no valoramos a esa mujer especial, por falta de experiencia a decir verdad, pero aprendemos la lección a la mala y demasiado bien diría yo.
