Con el calor frío de aquella, tu última mirada, con la actitud de quien no quiere tener actitud, con los ojos casi achinados por el sutil bostezo mañanero, Así es como pretendo llegar a tu curvilínea figura en la quietud. Ya nunca el adiós será más sencillo que, al borde de este momento, ni la luz traslucirá todo el invierno con su temor más tempranero, tus elevaciones y tus lomadas tendrán a partir de ahora un nuevo marco Y ese será el camino que deba transitar para explotar de gozo a tu lado primero.
