Una noche más de desvelo, los pensamientos fluyen, me llenan de imágenes, de fragancias, de un ayer tan lejano como borroso. Mi atareada cabeza no puede dejar de pensar, solo han pasado once meses desde que te fuiste, es extraño, ya no te extraño, no te pienso, no me di cuenta en qué momento exactamente fue que dejé de amarte, fue tal vez una resignación seguida de una aceptación. Cuando nos dejan el alma en el puerto de los adioses, en paisajes sin retorno, no queda más que aprender en soledad.
Me remonto a tanto llanto derramado, tanto espacio desértico, te fuiste de mi vida y ese vacío profundo dejado, ha ido llenándose, hoy mantengo mi rostro levantado y mi mirada se dirige a un estimulante horizonte.
Me reconozco como aprendiz sobreviviente de recuerdos, una extraña sensación me invade, es como que recién me doy cuenta de que toda una realidad me invita a vivir. Siento una paz interna y una conciencia calma, el tiempo ha seguido sabiamente su curso. Los golpes de la vida no han logrado arrebatarme la esperanza.
Me deslumbro en lo que mi imaginación sugiere esta noche de desvelo y una sonrisa pícara brota de mi boca. Ya había olvidado mis bellas malas costumbres de disfrutar de la noche, de escribir hasta la hora que me dé la gana, de atraer musas a mi numen. Para iluminar la imaginación, casi dejo perder la magia.
Menos mal desperté a tiempo. Dejo ya mi cama, voy al comedor, prendo la computadora que solo usé el último año para trabajar. Armaré un ritual, dije mirando mi sombra. Prendo unas velas, un entusiasmo me envuelve el alma de pura vida.
Abro la ventana para que entre el aroma de mi querida y olvidada Dama de noche, voy a la cocina, escojo un buen vino. Pongo música suave e invito a la inspiración a que me acompañe, me siento frente a la computadora ya preparada para vislumbrar nuevos horizontes.
Levanto la vista y veo reflejada mi sombra en el vidrio de la puerta de entrada, pienso “qué seductora”, tan mal no estoy, mi esencia esta íntegra, sonrío y empiezo a escribir: Esta noche renací “me encontraste, vida”. Al fin comienzo nuevamente la gran aventura de vivir. Comenzaré por destejer la telaraña de melancolías que yo misma tierna y dolorosamente tejí.
