Confieso que es mi culpa haber querido tejer la luz de un sueño en la distancia, perder en tu mirada la constancia y dar por real un beso no nacido. Soy culpable del tiempo detenido, de darle a tu silencio relevancia y de buscar con terca extravagancia un sitio en un altar ya consumido. Me culpo por creer que te quedabas, por idealizar lo que no fuiste mientras mi propio texto me engañaba. Es mi error la pasión que no entendiste, mirar tus ojos donde no me hablabas y amar esta ilusión que me hace triste.
