Mirar de frente no es salvar el alma, el ojo es un abismo que sabe fingir; hay pupilas que ofrecen una calma mientras por dentro te ayudan a morir. La hipocresía es un banquete de sombras, un brindis con vino que sabe a metal, un rastro de engaño sobre las alfombras de quien confunde el bien con el mal. Es más limpio el silencio, aunque sea frío, que la palabra dulce cargada de hiel; prefiero el desierto de mi propio vacío que el falso refugio de una mala piel. Se acaba el tiempo de las apariencias, la verdad no es un gesto, es una cicatriz; prefiero la ausencia de mil complacencias a vivir bajo el peso de un barniz. El silencio es la tumba de lo que fue sano, la hipocresía es el baile de un muerto; no estreches nunca la mano al tirano que te ofrece un oasis en medio del puerto.
