Cuando mas te duele la partida de alguien es cuando mas acostumbrado estás a esa persona, a su aroma, a su mal sentido del humor o su carisma, de la manera que te dice las cosas, de como tus ojos poco a poco se acomodaron para que la asimetría perfecta de su rostro te llenase al verlo y saber que esa mágica manera de aceptar sus errores o de encajar tu sonrisa con la tuya ya no estará, ahí comprenderás con un palpitar mas acelerado que esa persona dejó una marca no efímera en tu corazón, que sin darte cuenta toda tu forma de ser se acopló para que no hubiera mas roce que el que una cama cálida con la luz lúgubre apasionada pueda ofrecer o el simple acto de amor que un abrazo fraternal te da.
Ya sea la manera de lo seguro que te sientes estando a su lado o la necesidad de verlo para que tu día sea normal, esa magia acabará y no entenderás que pasa, ni el dolor que te causa, ni el vacío que dejan...
Algún dia caminarás por ahí y lo recordarás y pasara como una hoja arrastrada por el viento y de nuevo el palpitar sutil pero acelerado llega con ansiedad y nostalgia, sabrás que su alma o su distancia ya no es tan dolorosa pero esa marca que se moldeó por el tiempo rogará por tu atención y tus ojos desacoplados verán el cielo y aunque ya el tiempo pasó sus actos perduran, pero, sin o con, el agua de un causal enfurecido deberá llegar a la falda de la montaña calma y serena y desembocar en el enorme océano.
Tu costumbre se labra con el tiempo y como tierra de cosecha dará algo que de seguro gustará.
