Ahí estaba yo, con la mirada perdida en sabrá Dios dónde y sabrá el corazón con quién. La ciudad parecía otra, aquí jamás llueve, jamás se siente la tristeza en los ojos del cielo, pero hoy sí, justo hoy que me encuentro incompleta, perdida y sin siquiera poder recobrar el alma que perdí.
Ya no soy, era, era eso que ya se perdió, como se pierden las hojas del árbol, como se pierde el día, como se pierde y solo me puedo perder yo. Cerré los ojos por un instante y desfallecí de sueño, aunque debo decir pesadilla, ya no quiero saber qué pasa después, ya no quiero seguir, incluso en mi sueño intento no despertar.
Pero lo hago, despierto y me doy cuenta de que el reloj jamás se detuvo, que la vida no se frena por un mal momento, que el llanto arruinó el rímel y que queda el resto de una mujer, porque aquella ya se ha perdido y solo ha dejado esto que soy yo como huella.
Corro a la ventana y sigue lloviendo, parece que ha llovido durante más de dos horas, observo detenidamente el reloj, ya han pasado tres horas y he perdido el vuelo, aquel que había estado planeando desde hacía tres meses. ¡Qué más da!, si el plan era para dos y hoy no soy ni una.
