La persona insatisfecha es una garganta ardiente,
presa de un fuego devastador.
Siempre necesitada de todo lo que cree que le puede hacer feliz.
Busca y nunca consigue más que un segundo de bienestar.
Su voracidad crea otras necesidades y en este arder sin sentido
se va desgastando la vida y todo lo que le rodea.
No gusta ni goza de las cosas hermosas que tiene.
La persona feliz es la que lo tiene todo sin esperar nada,
quien lo da sin pedir, es la que se recrea de lo bello y
disfruta cada segundo.
Sufre el dolor, pero le alivia desprenderse de su yo,
vive la vida con esperanza y confía en la misericordia del creador.
Haz Señor que seamos personas agradecidas y reconozcamos
que solo tú puedes calmar las ansias de felicidad que todos tenemos.
Danos tu paz y llénanos de amor.
