La vida no tiene sentido para uno sólo, aislado de los demás. Es un error de base pensar que existe un yo aislado susceptible de vivir un sentido. La vida se vive desde un vórtice confluente que cruza múltiples dimensiones. No existe la vida para un punto que se busque como tal para sí. La vida existe en la interconexión, la confluencia extrema de muertes constantes que constituyen el punto consciente. El protagonista debe desaparecer y queda una mera confluencia. No ser ya más parásito de la cualidad confluente. Pasar a este momento exige voluntad consciente. Más allá, el ser nos traga.
