De lo más alto del cielo
me mandaron tres estrellas,
las más grandes y brillantes
sin duda las más bellas.
La primera que llegó
con su fragilidad y ternura,
conquistó mi corazón
y me atrapó con su hermosura.
La segunda es curiosa
y tiene una gran fortaleza,
siempre con su rebeldía
inquieta por naturaleza.
Y la más pequeña de todas
y su alegría encendida,
vino a devolverme la vida
que un día creí perdida.
Estas estrellas que tengo
tienen un nombre propio,
Arturo, Moisés y Fabiola
son mi hijos que yo adoro.
Y aunque no estén conmigo
viven en mi corazón,
y siempre estarán con Dios
ya que del cielo son.
