No apagues la aurora de mis esperanzas, que deseo escribir esta noche litesca. Descubre a la claridad de los sueños y a las voces cómplices de nuestras ausencias. Recuerda el olor y el sabor de los sortilegios, de los besos de tus amados. Yo solo fui un fugaz colibrí en tu sexo y nunca pude embriagarme para siempre, con el éxtasis de la luz del pequeño sol.
