Otra semana más, otra para retorcer con palabras. Las semanas aquí se cuentan por meses y los minutos por días. En ésta que hoy concluyo, quiero definir la palabra hipocresía. Esa, la cual identificarás algún día, pero ojo, viene con manto claro y sonrisa abundante.
En este tiempo he aprendido a juzgar a las personas, no por su nivel cultural, sino por su calidad humana, esa de la que ya poco queda.
He comprendido, que en esta vida nacemos y morimos solos, pero que hasta que este concepto no sea comprendido, jamás encontraremos el rumbo de esta vida que nos ha tocado vivir, y digo tocado, porque es como una infinita tómbola, donde a veces te toca el premio gordo y en otras el de consolación.
He comprendido lo que es el vacío más absoluto, sin razón, el abandono rastrero y difícil de entender. A menudo, pensaba que la gente siempre tiene dos caras, comprensible desde mi punto de vista que soy géminis y porsupuesto aceptable. Pero esto ya es el colmo, en fin de las experiencias se aprende. Por duras, o por bonitas, qué más da.
En este punto del camino ya me he resignado a acabar la condena de la mejor manera y con buena conducta. Jamás voy a cambiar mi forma de ser, hecha a base de años de duras pruebas, y en la cual confío ciegamente. Vivo en un mundo, donde la traición, la falta total de interés por la gente que te rodea es total.
Donde el día a día es una competición por saber quién es más ruin y cae más hondo, la verdad si ésta es la escala en la que tengo que moverme, no quiero. Escala, donde sin pudor se maneja a los más pequeños con total impunidad, donde al recibir una paliza, encima eres culpable, porque sabe Dios qué habrás hecho para provocarlo.
Esta sociedad es enfermiza, me espanta, me da repugnancia. Aquí todo se rige por la ley del más fuerte. Maravilloso sería saber a qué fortaleza se refiere. La de pisar a todo y todos los que se te pongan por delante, a falsas sonrisas y a la venta más absurda que se puede someter el ser humano. A la de su propia alma.
Yo, por mi parte, y después de todas estas conclusiones aún me sigo rigiendo por la innata bondad del ser humano, porque si no me volvería loca de pensar que formo parte de esta raza a la que llamamos racional. En ocasiones tendríamos que ser más humildes, y pensar que en este periplo que es la vida, la tortilla tiene dos caras y en cualquier momento se gira.
Pero claro, cuando vas viento a favor, a los demás que les jodan, ¿vas a perder tu tiempo con perdedores depresivos? Jamás. Tú adelante con tu falso ego. En fin creo que con esto concluyo por hoy, porque son tantas las ideas que confluyen en mi cabeza que es difícil sacarlas todas de una vez sin entrar en lo soez y delirante.
Como reza la canción que ahora suena “More than words”.
Colaboración de Neskina88
España